Dr. Ignacio Mata. Psiquiatra y Director General de la Fundación Argibide

¿Quién no ha oído hablar de la expresión “en el término medio está la virtud”?

¿Se puede aplicar lo anteriormente dicho al concepto de empatía terapéutica?  Para ello, el Dr. Ignacio Mata, comienza  defendiendo la palaba «empatía» como la capacidad de comprender a las personas (en este caso, a los pacientes) desde su propio marco de referencia, lo que implica comprender sus sentimientos, sus percepciones y sus acciones, no de un modo “objetivo”, ni del modo en que los sentiría “yo mismo” (como terapeuta), sino precisamente del modo en que el propio paciente siente, percibe o actúa. Llegados a este punto, es el momento de valorar si la empatía terapéutica puede ser conceptualizada como un “término medio”. En caso que así fuese nos situaríamos antes dos posibilidades:

  • Una primera posibilidad sería la de definir la empatía terapéutica como el término medio entre “indiferencia” y “paternalismo”. Una actitud de indiferencia por parte del terapeuta implica que ni siquiera se intenta empatizar con el paciente, el terapeuta se sitúa en un plano alejado del paciente, sin que exista el más mínimo contacto emocional entre ambos. En el polo opuesto se situaría la actitud paternalista, en la que el terapeuta no está realmente ayudando a que el paciente encuentre vías o recursos personales para solucionar sus problemas, sino que, a través de una empatía mal entendida, está sustituyendo al paciente como verdadero protagonista de su proceso de mejora personal.
  • La segunda posibilidad, podríamos definirla como el término medio entre una actitud terapéutica de “frialdad” y de “compasión”. Una actitud fría por parte del terapeuta implica que, aunque este pueda comprender los sentimientos, percepciones y acciones del paciente, no será capaz de transmitirle esta comprensión, por lo que el resultado será similar al de la actitud de indiferencia. En el polo opuesto, una actitud compasiva, si bien transmite bondad y consideración hacia el paciente, no debe confundirse con la actitud empática. El paciente no busca que el terapeuta sienta pena o lástima por su sufrimiento, sino sentirse comprendido por este.
  • Por último, otra posibilidad, podría ser la de definir la empatía terapéutica como término medio entre “objetividad” y “subjetividad” del terapeuta. Una excesiva objetividad implica describir el funcionamiento humano a través de una serie de parámetros o de rasgos de personalidad, o delimitar las enfermedades a través de criterios diagnósticos. Quizás esta forma de ver al ser humano pueda ser aplicable a otras disciplinas médicas, pero no a la psiquiatría o a la psicología. Por ejemplo, es posible describir el funcionamiento del sistema cardiovascular a través de datos provenientes de un electrocardiograma o de un cateterismo cardíaco, pero la mente humana es mucho más compleja que todo esto. En el polo opuesto se sitúa una excesiva subjetividad, que implica tratar de comprender al paciente desde el propio psiquismo del terapeuta. Un psiquiatra o un psicólogo, si pretende actuar de un modo empático, no debe tratar de sentirse como se sentiría el paciente, sino que debe comprender cómo se siente el paciente como persona diferente al terapeuta, con un carácter, unos valores, y unas experiencias vitales diferentes a los del terapeuta.

Como conclusión, la “empatía terapéutica” puede ser conceptualizada como una actitud virtuosa, que cualquier profesional de la salud debe tratar de buscar a través del hábito de su práctica, y que puede ser definida como un término medio entre dos polos, uno caracterizado por una actitud de indiferencia, frialdad o excesiva objetividad, y otro caracterizado por una actitud paternalista, compasiva o excesivamente subjetiva.

ARTÍCULO REVISTA ZONAHOSPITALARIA
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