Fermín Goñi Sáez. Psicólogo Clínico. Director Científico de Fundación Argibide
Fermín Goñi mantiene una charla, con el periódico Berria, sobre los trastornos de la conducta alimentaria . El director científico, explica que no se pretende únicamente tratar los síntomas visibles, sino de poder reparar en los problemas y las carencias desde la raíz.

¿Cuál es la raíz de los trastornos alimentarios?

El concepto de trastornos de la conducta alimentaria tiene varias capas o vertientes: psicológica, sociológica, neurocientífica… Muchas veces la imagen que los pacientes tienen de su cuerpo está distorsionada o no la ven como natural, y muchas veces se basa en un fuerte sentimiento de miedo: miedo a control de engorde o pérdida de peso. Sin embargo, además de este cuadro diagnóstico, hay un aspecto sociológico: estas personas han construido toda su identidad en torno a un peso. ¿Qué tipo de estímulos sociocognitivos y emocionales hemos construido en la sociedad para buscar el placer en el autocontrol?

 Muchos casos surgen durante la adolescencia…

Sí, y esto no es de extrañar, porque es cuando estamos construyendo nuestra identidad. ¿Cómo hacemos eso? A través de las relaciones socio-afectivas. Es por eso que son tan influyentes para quienes los rodean. Es un momento de gran vulnerabilidad social.

El modelo social también influye, ¿no?

Absoluto. Los cánones estéticos, la competitividad, los controles… son muy importantes en la sociedad actual, si no consigues la imagen perfecta, puedes ser rechazado. Para quienes antes no estaban seguros de sí mismos, es un terreno de guerra: responderán a cualquier gesto de burla o exclusión a través del hipercontrol: Como no puedo controlar lo que los demás piensan de mí, controlaré mi imagen, que la sociedad de alguna manera demandas de mi

¿Cuál es el proceso detrás de esto?

Disociación. Quienes tienen un trastorno alimentario no consideran su cuerpo como propio. La medición del peso es solo una forma de empezar a alejarme: ese cuerpo no es el mío, por lo que soy capaz de rechazar, castigar, controlar… Ese cuerpo no soy yo, y me preocupo por todos los demás, siempre y cuando mantenga el control sobre ese cuerpo.

Hay varios foros de Internet y redes sociales en los que se promociona la anorexia y la bulimia de forma no muy clandestina…

Aunque pueda parecer lo contrario, quienes escriben este tipo de mensajes están sufriendo. Su objetivo es sentirse aceptado en un grupo, pero de forma patológica, porque esa aceptación puede llevarlos a desaparecer, a morir. Y lo que es aún más grave: el actual sistema capitalista lo hace posible e incluso fomenta tales conductas. Mientras tenga seguidores, puede vender cualquier cosa como artículo de consumo. Así como delgadez extrema.

¿Cómo se empieza a tratar tales trastornos?

A menudo, perturbados por casos graves, los profesionales de la salud tienden a poner remedios de inmediato e implementar medidas de control. A veces, sin embargo, esto puede empeorar la situación. Prefiero hablar con el paciente antes y tratar de entender: ¿Qué tipo de relación tiene? ¿Le estamos exigiendo demasiado en la vida o en los estudios? ¿Tiene problemas para expresar sus sentimientos? Quizás el problema con la nutrición es una forma de manejar el malestar emocional, los sentimientos de exclusión y otros traumas. Y sin llegar a los motivos de raíz, es poco probable que resolvamos el problema.

¿Cómo se hace esto?

Intentamos transmitirles seguridad, y potenciar sus habilidades y capacidades, que gestionen mejor sus sensaciones desagradables con la comida, que empiecen a aceptar su imagen personal… y es probable que en un futuro, ante una situación de estrés, estos los comportamientos volverán a surgir.

¿Cuáles son los casos más comunes?

En la Fundación Aprende nos preocupamos mayormente por los primeros casos del proceso, los jóvenes. Los padres a menudo vienen aquí en busca de ayuda o los dirigen a la salud pública. También hemos atendido a adultos de 30-40 años. Suelen tener una historia más larga y confusa: hospitalizaciones, aumentos, crisis, periodos de alto control… Estos requieren un tipo de atención diferente: seguimiento ambulatorio, relación más estrecha… Sin embargo, los trastornos alimentarios suelen estar asociados a otros condiciones aparecen juntas: trastornos de personalidad, depresiones… Casi nunca la realidad emerge con tanta claridad como en los manuales.

¿Trabaja no solo con el paciente, sino también con los familiares?

Sí, desde el primer momento negociamos con el paciente la implicación de familiares o seres queridos. Si el paciente es mayor de edad y no quiere hacerlo, poco podemos hacer, pero tratamos de que alguien de confianza se involucre en el proceso. La relación terapéutica no debe limitarse a la consulta, ya que existe el riesgo de desarrollar una dependencia de los profesionales de la salud. Es mucho más beneficioso llevar a cabo lo trabajado en la consulta en el día a día, tanto para los pacientes como para las familias.

¿También para familias?

Sí. Las familias han notado el malestar de sus hijos. También tienen miedo y se convierten en controladores o guardianes de los alimentos: “¿Comiste?”, “¿Cuánto?”, “Deberías comer”… Esto provoca mucha discusión y enfado, y al final se limita a los padres y la relación plena entre los hijos. A veces, hasta el punto de romper familias.

¿Han surgido más casos tras la plaga del COVID-19?

Sí. Las condiciones psicopatológicas han aumentado. Los trastornos alimentarios están íntimamente ligados a la ansiedad, el miedo, la inseguridad… Y todos ellos se han producido con mayor frecuencia durante la peste. Muchos pacientes que han conseguido cierto grado de estabilidad emocional también se han encontrado encerrados en un domicilio, en un estado de alta ansiedad, que ha aplastado muchas de las herramientas que trabajaban en la consulta. Muchos pacientes han quedado aislados por COVID-19 y han vuelto a conductas patológicas: comer solos, no tener contacto con nadie y medir sus síntomas en todo momento.

Ante esta situación, la sanidad pública se ha desbordado. ¿Necesita más recursos?

Soy empleado de una fundación privada, pero un ferviente defensor de la red de salud pública. Creo que debemos priorizar esa red, y el resto de nosotros estamos allí para completarla de alguna manera. Durante la peste, los profesionales sanitarios han recurrido a nosotros para atender a uno que otro paciente que necesitaba un cuidado más cercano. Hemos formado una red fuerte.

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